domingo, 27 de junio de 2010

La escritura: letra cursiva o de imprenta


Los métodos tradicionales de la enseñanza de la lengua sostienen que, para obtener resultados más rápidos, los alumnos deben dar sus primeros pasos en el aprendizaje de la lecto-escritura utilizando el abecedario en letra de imprenta, primero, mayúscula y luego, minúscula.
Sin ánimo de poner en tela de juicio estos conceptos, es de suma importancia que los maestros no dejen de lado la enseñanza de la letra cursiva, ni que pierdan de vista el proceso de su adquisición y afianzamiento, ya que es un ingrediente fundamental en la formación del perfil del educando.
Si bien su aprendizaje parte de un modelo, cada alumno impone en él su estilo. Sus rasgos se van modificando conforme a su crecimiento y maduración.
La misión del maestro es procurar, por un lado, que la caligrafía de los alumnos no pierda legibilidad y, por otro, preservar, en cada uno de ellos, un estilo personal.
La escritura en imprenta debe ser tomada como la adquisición y adaptación automática y pasiva de un modelo convencional. Estos signos neutros distan de reflejar los rasgos distintivos del alumno. Y por lo tanto, no debe considerarse como una escritura personal, sino de alternativa o de uso ocasional.
La fuerza de la escritura reside en la vitalidad de sus trazos. De ahí que los estudios grafológicos permitan conocer a través de ella, el carácter, el sexo, los gustos y hasta la salud física y mental de la persona.
Es común, por otra parte, que tanto maestros, como profesores reconozcan a sus alumnos por su letra. La escritura cursiva es mucho más emotiva y elocuente de la vida de un hombre que la de imprenta.

Insuficiencia
Un factor que contribuye a la despersonalización de la escritura es el manejo excesivo de la computadora desde temprana edad. Se ha comprobado que muchos niños de cinco y seis años comienzan a escribir sus primeras palabras pulsando en forma mecánica las teclas de la máquina y no afianzando la destreza motriz con el uso del lápiz.
Así que en esta sociedad globalizada y tecnocrática, tanto padres, como docentes deben intervenir para que los niños adquieran una identidad propia, con rasgos bien definidos. Procurar que aprendan y afiancen el manejo de una correcta escritura cursiva como parte de su expresión libre ya es un buen comienzo.
Si bien es conveniente que el aprendizaje de la lecto-escritura se realice en forma simultánea, la adquisición de la escritura como tal es un camino más lento. Igual que para toda destreza, el niño necesita de un tiempo de aprestamiento previo que se logra en la etapa preescolar, a través del dibujo y del garabato.
En la infancia, la escritura está en vías de formación, sigue un modelo caligráfico escolar de una manera más o menos fiel, de ahí que sea tan importante la buena caligrafía del maestro.
El niño es un gran imitador que, además, sabe distinguir por intuición las formas bellas o armoniosas de las que no lo son. Por esa razón el docente debe comenzar a encauzar, en él, un juicio crítico y estético.
Es necesario, por otra parte, que el maestro asuma una postura ejemplar, normativa y enriquecedora. Ejemplar porque debe servir de modelo, en este caso, a través de una caligrafía clara y correcta. Normativa, al tener que establecer normas para que los alumnos escriban con letra legible, prolija y espontánea. Finalmente debe ser enriquecedora porque, además de aportar sugerencias, debe enseñar a reconocer y valorar cada tipo de letra a fin de poder seleccionar luego la más adecuada para cada ocasión.

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