"Elige por maestro aquél a quien admires más por lo que en él vieres, que por lo que escuchares de sus labios". Séneca
sábado, 27 de noviembre de 2010
Modelo 1a1: ejes del cambio educativo
lunes, 15 de noviembre de 2010
Dislexia
con un método fonográfico
Diario "La Prensa" (Buenos Aires 10-02-2002)
Un entramado de diversas causas es el origen de esta poco difundida dificultad. Es tiempo que los padres conozcan en detalle sus síntomas al igual que todos los profesionales involucrados en el área educativa, pues es imprescindible el apoyo del hogar y de la escuela para que estos niños levanten su autoestima pudiendo solucionar sus dificultades. Se impone la difusión de los síntomas de la dislexia y sus consecuencias en el largo plazo. Se manifiesta a la hora en que el niño se ve obligado a realizar, en el primer año escolar, el aprendizaje sistemático de la lecto-escritura. Cada niño presenta un manojo de síntomas que le es propio y el profesional experimentado puede detectar aun antes del ingreso escolar los factores de riesgo.
Debemos advertir que si los signos de riesgo no han sido detectados antes del primer año escolar, una vez manifestados lo mejor es actuar con premura pues estas dificultades no se solucionan por el solo paso del tiempo, antes bien, se agravan cada día más y requieren de un tratamiento especializado.
Este movimiento de difusión se impone pues los niños disléxicos no cuentan con un lugar dentro de nuestro sistema escolar. No se encuadran dentro del sector de educación especial ni están en condiciones de seguir el ritmo del aula normal. En consecuencia, en su tratamiento deberán involucrarse no solamente el profesional especialista, sino el docente asignado al niño y sus padres, a quien debemos apoyar con nuestro consejo y guía.
Los alumnos disléxicos están en las aulas sin que sea evidente, y la mayor de las veces son confundidos con niños indolentes o poco dotados intelectualmente. Por ello sufren daños emocionales debido a la incomprensión de los adultos al desconocer el tema que nos ocupa. Es entonces que comienza a agravarse su manifestación. El aprendizaje escolar comienza a deteriorarse, y al no realizarse en su plenitud (pues el niño que no lee posee huecos de información muy importantes) tampoco se verá favorecido el desarrollo de su calidad intelectual, sino todo lo contrario. Sabemos que el aprendizaje actúa potenciando el bagaje natural del niño, privado del acceso a la comprensión de textos, su capacidad cognitiva, su razonamiento lógico, también se empobrecerán.
Hemos podido apreciar que su aplicación no se ciñe exclusivamente al consultorio psicopedagógico sino que beneficia a todos los niños como método de lectura inicial ya que permite desde las aulas prevenir las dislexias así como el rápido acceso al código de nuestra lengua y ¡ el aprendizaje de la lectura en un mes ! . En este sentido no excluye ningún otro método de lectura que pueda acompañarlo. Su propuesta consiste en constituirse en un método integral que a través del juego accede entonces a los aspectos semánticos, sintácticos, a la comprensión lectora y a la interacción con textos para el logro de un manejo fluido y global del lenguaje lecto-escrito aunque siempre partiendo de un andamiaje básico que es la llave para aprender a leer, el conocimiento del código de nuestra lengua que es predominantemente alfabética fonética.
El fundamento teórico coincide con los postulados expresados por el Dr. Quirós - fundador de nuestra primera facultad de Fono-audiología - y con las normas pedagógicas para la enseñanza de la lectura propuestas por este prestigioso profesional. También podemos mencionar al psicólogo ruso León Vigotsky quien, en esta misma línea de interpretación propone crear un puente de enseñanza entre el dibujo y la escritura para que los niños puedan comprender y acceder a los símbolos abstractos y convencionales.
No podemos dejar de comentar la importancia de la lectura precoz a la que permite acceder este método. Experimentalmente se ha aplicado a niños a partir de los cuatro años obteniendo resultados sorprendentes. No olvidemos que la lectura precoz favorece las actividades lógicas del pensamiento y la comprensión simbólica desarrollando considerablemente el potencial intelectual del niño. A diferencia de los métodos globales hoy vigentes, el niño consigue decodificar realmente, en forma precisa, las palabras sin basarse únicamente en un reconocimiento global al leer.
Como parte de este programa de difusión y ante la necesidad de evaluar en el menor tiempo posible los síntomas de riesgo de la dislexia escolar, contempla también el ofrecimiento de evaluaciones gratuitas a niños y jóvenes de todos los niveles escolares.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Docentes que hacen escuela
LA NACION
Criterios de selección:
jueves, 11 de noviembre de 2010
Bullying
Con frecuencia algunos padres se muestran preocupados por el estilo de relaciones que establecen sus hijos o hijas con sus compañeros de colegio. Pero sea como fuere la vida relacional de los hijos, especialmente a partir de la preadolescencia (10 años) y hasta los 16 años, se nutre de unos profundos cambios e incertidumbres que pueden provocar malas relaciones y especialmente maltrato reiterado entre compañeros.
Aproximadamente uno de cada tres adolescentes entre 12 y 16 años se ve involucrado –ya sea como agresor o como víctima- en situaciones de abuso, cercanas a veces al maltrato grave. Sin embargo, los porcentajes de chicos y chicas que sufren o ejercen un maltrato grave -por su intensidad o por su duración- son drásticamente más bajos: del 2% al 4% de los jóvenes. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, la intervención será preventiva o para tratar incidentes de baja intensidad.
El maltrato entre compañeros puede aparecer de formas muy diversas. No solamente se manifiesta a través de peleas o agresiones físicas, sino que con frecuencia se nutre de un conjunto de intimidaciones de diferente índole que dejan al agredido sin respuesta. Veamos algunas:
- Intimidaciones verbales (insultos, motes, hablar mal de alguien, sembrar rumores,...)
- Intimidaciones psicológicas (amenazas para provocar miedo, para lograr algún objeto o dinero, o simplemente para obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere ni debe hacer)
- Agresiones físicas, tanto directas (peleas, palizas o simplemente “collejas”) como indirectas (destrozo de materiales personales, pequeños hurtos,...)
- Aislamiento social, bien impidiendo al joven participar, bien ignorando su presencia y no contando con él/ella en las actividades normales entre amigos o compañeros de clase.
A pesar de que cada caso de relación dañina entre adolescentes debe ser analizado en su singularidad y abordado desde la serenidad, prevaleciendo la imperiosa necesidad de detener el daño y restablecer un equilibrio de poder entre agresor(es) y víctima(s), existen no obstante ciertas claves que nos pueden facilitar la prevención, el análisis y la intervención en este tipo de hechos. Pretendemos aquí exponer dichas claves y establecer algunas pautas de actuación que nos ayuden a saber tratar los incidentes por maltrato entre chicos y chicas en edad escolar.
Recurso para el docente: http://iesocio.es/
(eSocio es un herramienta que evalúa las relaciones entre compañeros. Mide distintos indicadores sobre convivencia y métodos sociométricos. Utiliza las nuevas tecnologías, lo que permite la recogida de información de un modo eficaz.)
Ejemplo: http://www.elmundo.es/elmundosalud/documentos/2008/06/bullying.html
Más información: http://www.acosoescolar.info/
martes, 9 de noviembre de 2010
Mi primera ironía
Cuando la madre de un chico de 12 años le pregunta: "¿Cuántas veces tengo que decirte que pares?", comprenderá que es mejor que la respuesta, si es que se requiere alguna, no contenga un número. Pero esa comprensión requiere un entendimiento sofisticado del idioma mordaz que se desarrolla mucho después de que se adquiere un habla fluida. ¿A qué edad comienzan los niños a intuir el significado de una pregunta así, y en qué medida pueden contestar apropiadamente a otro tipo de comentarios mordaces?
En estudios de laboratorio sobre el tema, los niños demuestran no tener prácticamente ninguna comprensión de las expresiones mordaces antes de los seis años, y muy poca antes de los diez u once años. Cuando se enfrentan a este tipo de expresiones, los niños más pequeños, por lo general, interpretan las preguntas retóricas literalmente, las exageraciones deliberadas como un error y el sarcasmo como una mentira.
Pero ha habido poca investigación sobre el tema fuera del laboratorio. Por lo que un grupo de investigadores canadienses se propuso grabar a padres e hijos en sus hogares, utilizando cuatro tipos de lenguaje irónico: el sarcasmo, la hipérbole, la minimización y las preguntas retóricas. Resulta que niños muy pequeños pueden entender e incluso usar expresiones irónicas, aunque no puedan describir a un investigador lo que han hecho. "Uno ve que responden apropiadamente a este uso del lenguaje en la conversación -dice Holly E. Recchia, la principal inspiradora del informe-. Eso no es lo mismo que decir que puedan explicar esa comprensión de modo explícito."
El estudio, publicado en The British Journal of Developmental Psychology (La Revista Británica de Psicología del Desarrollo), incluyó a 39 familias, cada una con padre y madre y dos niños con edades promedio de 4 y 6 años. Las familias fueron reclutadas usando anuncios de nacimientos en un diario de Ontario, y fueron representativas de la población general en cuanto a su origen étnico, así como a la edad y al nivel educacional de los padres.
Los científicos transcribieron más de 350 horas de conversación y clasificaron todas las expresiones no literales usando cuatro categorías e identificando en cada oportunidad al hablante. Todos los hijos mayores hicieron al menos un comentario irónico, al igual que 38 madres, 26 padres y 37 de los niños menores, un total de 1661 comentarios no literales. Si bien no está claro por qué, comparado con los padres y los niños, las madres usaron el lenguaje irónico más en interacciones negativas que positivas, y las preguntas retóricas más frecuentemente que cualquier otra forma. "Puede ser que las madres asuman roles de enseñanza y de manejo de situaciones -señala Recchia-. Si las madres intervienen más en el manejo de conflictos, entonces puede ser que las preguntas retóricas sean más efectivas que el sarcasmo." Entre los niños fueron más comunes la hipérbole y las preguntas retóricas. En los casos en que los niños estuvieron involucrados en un conflicto, utilizaron más preguntas retóricas y la minimización, mientras que en las interacciones positivas por lo general hubo sarcasmo e hipérbole. A diferencia de sus hermanos y hermanas menores, los hijos mayores usaron el sarcasmo. ("Muchas gracias, destruiste mi colección") más que la minimización ("En este momento estoy sólo un poquito enojado con vos").
"Es una pieza de un cuadro mayor", explica Janet Wilde Astington, profesora de Psicología de la Universidad de Toronto que ha escrito mucho sobre el habla de los niños, aunque que no estuvo involucrada en este estudio. "Creo que es importante en la medida en que pueden mostrar que hay comprensión en niños tan pequeños como los que observaron, y creo que demuestran esta cuestión importante en contraste con lo que dice el trabajo experimental."
Comparados con sus padres, los niños fueron más propensos a usar la hipérbole, comúnmente para subrayar injusticias cometidas contra ellos por sus hermanos o sus padres: "Nunca me das plata; ni siquiera cuando me porto bien". Los niños mayores usaron más ironía que sus hermanos menores, y si bien los más pequeños entendían un poco menos el significado y la función de los comentarios, las diferencias no resultaron grandes.
Recchia, que es profesora adjunta de Educación en la Universidad de Concordia en Montreal, opina que, si bien es limitada la comprensión de los niños de la ironía, aun así puede ser útil. "Los padres tienden a ver el lenguaje irónico negativamente, pero no siempre es negativo o malvado", explica. "A veces es juguetón. Puede ser que el humor y la ironía ayuden a distender situaciones que de otro modo podrían provocar conflictos. Puede ser una herramienta efectiva".
Por Nicholas Bakalar (NYT)
Traducción de Gabriel Zadunaisky
Por Hugo Litvinoff
Comunicarse es un esfuerzo por transmitir la propia subjetividad, para lo cual la simple palabra no alcanza y por eso recurrimos a ironías, metáforas, humoradas o metonimias. Los poetas lo hacen de manera bella; nosotros... como podemos. Cuando decimos: "Gracias por arruinarme el día", trasmitimos una plétora de significados mucho más amplia que si hubiéramos dicho: "Tu conducta me perjudicó". Con la ironía decimos que hubiéramos querido que se nos tuviera más en cuenta, y que nos estamos conteniendo para no agredir. En realidad, la ironía misma es una agresión atenuada. Los ejemplos son infinitos: "Nunca me das plata" no alude sólo al dinero, sino también a la sensación de abandono. "Estoy un poquito enojado" contiene el reclamo de que quien escucha se percate del tamaño del enojo. Aprender a hablar no es grabarse un diccionario en la cabeza, sino entender los secretos de la comunicación, que está repleta de elipsis, referencias comparativas y metáforas que los niños van entendiendo y aplicando a medida que maduran. La ironía, que puede ser hostil, graciosa o cómplice entre dos personas, no es más que uno de los tantos recursos en el esfuerzo tan difícil de volcar la subjetividad o mostrar los efectos de la conducta del otro sobre la propia. Por supuesto, muchas cosas que se dicen y otras que se callan pueden ser nocivas para el niño, y con lamentable frecuencia lo son. Pero eso no se debe a la supuesta falta de literalidad, sino al sentido de lo transmitido, a las sensaciones que se busca provocar y a los afectos ambivalentes de los padres, que las palabras algunas veces muestran y generalmente ocultan.
El autor es psicoanalista, de la Asociación Psicoanalítica Argentina
lunes, 8 de noviembre de 2010
Fracaso escolar
Relacionan el fracaso escolar con los ambientes insalubres
Estudios recientes muestran que a mayor contaminación, más repitencia y abandono.
Por José Luis CutelloEl pediatra social Norberto Liwski, presidente del Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos (CODESEDH), confirmó a Clarín que “la ausencia o insuficiencia de saneamiento ambiental básico genera, sobre todo en los grandes centros de concentración urbana, condiciones de vida que para los niños implican una afectación al desarrollo integral”. Y aclaró que, de acuerdo con investigaciones recientes, el daño también se extiende a la educación: “En las zonas de mayor amenaza de contaminación, los índices de fracaso escolar son superiores a las zonas no contaminadas”.
De acuerdo con estadísticas publicadas por UNICEF, 18,9 por ciento de los alumnos argentinos abandona la escuela, aunque ese registro trepa al 21,5 en algunas provincias del norte. La repitencia, en tanto, es del 6,5 por ciento en la primaria, pero alcanza 11,5 en el noreste. La tasa de sobreedad promedio llega al 35,9 por ciento.
Teniendo en cuenta que la población de 0 a 17 años es de 12 millones según el Censo 2001, hay unos 4 millones de niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje.
La titular del área de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Defensoría del Pueblo de la Nación, Cristina Maiztegui, puntualizó una de las causas de la disparidad: “ El 52 % de los niños argentinos vive en zonas de riesgo ambiental, mayoritariamente en el norte y en el conurbano bonaerense” .
Estar en riesgo ambiental significa tener un alto índice de vulnerabilidad social y, además, carecer de saneamiento básico o sufrir la contaminación industrial o agropecuaria.
Consultado sobre la vinculación entre el aprendizaje y la falta de saneamiento, Liwski precisó que “el centro de atención está puesto en la salud, pero el niño va a ir perdiendo su proceso de desarrollo en la escolaridad”.
Y apuntó a las napas contaminadas: “Cuando hablamos de poblaciones circundantes a grandes extensiones de cultivos con uso de agrotóxicos indiscriminado, vuelve a aparecer la sobreedad, la repitencia, el fracaso escolar”.
Al respecto, el pediatra dijo que uno de los problemas más estudiados está en los ingenios del norte argentino, donde un gran porcentaje de niños tiene bagazosis, una enfermedad que se origina en el mal tratamiento del bagazo de caña de azúcar y que afecta los bronquios: “Los docentes nos señalan la recurrencia de la enfermedad respiratoria –señaló–. Cualquier chico con reiterados procesos de alteración respiratoria, comienza a tener una discontinuidad en su vinculación con al escuela”.
Otro enemigo de la escolarización es el alto nivel de plomo en la sangre . Un estudio de la Defensoría del Pueblo en la localidad de Villa Inflamable, en el polo petroquímico de Avellaneda, comprobó que 50 por ciento de los chicos entre 7 y 11 años tenía plumbosis.
“Tiene efectos de sedimentación sobre niveles neurológicos y por lo tanto lesiones crónicas. El metal se acumula en los huesos lentamente, impidiendo el crecimiento y deteriorando el cerebro de los niños”, explicó Liwski. En este caso, agregó, no se trata sólo de fracaso escolar, sino de una reducción sensible en la expectativa de vida de los chicos.